A media cuadra del Kiosco Morisco, entre una vulcanizadora y una fonda de comida corrida, el taller de los hermanos Lozano ocupa un local con techo de lámina y dos puertas corredizas que casi nunca se cierran del todo. Adentro conviven yunques de distintas generaciones, una fragua de gas que reemplazó al carbón hace unos años y una pared donde cuelgan plantillas de rejas decimonónicas dibujadas a escala sobre papel albanene.
Cuando llega una reja patrimonial, lo primero no es encender la fragua sino medir. El maestro Lozano recorre cada barrote con un imán y un espejo pequeño para revisar el interior de los tubos, donde la corrosión avanza sin que se note desde afuera. Anota en un cuaderno qué tramos son originales, cuáles fueron soldados en intervenciones anteriores y qué piezas conviene reproducir en lugar de reparar. La decisión no es estética: una reja del centro histórico puede tener más de cien años y su función estructural depende de que las uniones sigan trabajando a compresión.
Para las piezas que se van a reponer usan acero al carbón 1018, que se deja forjar sin agrietarse y acepta bien el pavonado en aceite. El acero estructural A36 aparece solo cuando el elemento trabaja a flexión, como en los anclajes a muro. El maestro insiste en una distinción que muchos clientes no entienden al principio: la forja tradicional mueve el metal a martillo y conserva la fibra del acero, mientras que el corte por plasma solo separa. Una voluta hecha a martillo tiene un grosor irregular que la luz revela; una cortada por plasma es perfectamente plana y, con el tiempo, se nota.
En un rincón del local hay una pequeña caja de arena donde templan las hojas de formones, gubias y cinceles que ellos mismos fabrican o reparan. El procedimiento es corto pero exige atención: calentar hasta que el acero pierda el magnetismo, enfriar rápido en aceite, y luego revenir en el horno a una temperatura que depende del uso. Una hoja para madera dura no se templa igual que una para madera blanda. Se guían por el color de óxido que aparece en la superficie pulida, una referencia que no viene de ningún manual sino de años de repetir el gesto.
El encargo más reciente salió de una casa de los años cuarenta en Coyoacán. Los dueños querían una barandilla para la escalera interior que dialogara con los barrotes originales de la fachada sin copiarlos. El proceso empezó con un boceto a lápiz sobre papel kraft, ajustado tres veces antes de cortar el primer tramo. La pieza final combina barrotes rectos de sección cuadrada con dos nudos forjados a mano que marcan el descanso de la escalera. El montaje se hizo en dos visitas: primero los anclajes a muro con taquetes químicos, después el ensamble en sitio con soldadura puntual y limpieza de cordones.
El maestro herrero reconoce que este tipo de encargo es cada vez más frecuente. La restauración patrimonial sigue siendo el grueso del trabajo, pero el mobiliario metálico por encargo, lámparas, percheros, bases de mesa, ocupa un lugar que hace diez años no existía. Lo que no cambia es el tiempo: una barandilla como esa tomó casi cinco semanas entre boceto, forja y montaje.
El taller recibe visitas con cita previa y publica sus rutas abiertas en el boletín quincenal de la revista. Si te interesa el oficio de la forja, en la sección de reportajes encontrarás más talleres documentados con la misma lógica: proceso, materiales y decisiones concretas.
También puedes revisar el archivo completo de reportajes de taller o escribirnos por cualquier duda sobre el trabajo de forja a nuestro correo de contacto.
Antes de bajar al taller de los hermanos Lozano conviene aclarar el alcance de lo que documentamos. No todo lo que se dice de la forja en Santa María la Ribera resiste una visita con libreta en mano.
Cuando hablamos de rejas patrimoniales nos referimos a piezas montadas en fachadas del centro histórico y de colonias como Santa María la Ribera entre finales del siglo XIX y las primeras décadas del XX. No implica que estén catalogadas por alguna autoridad ni que el taller tenga permiso para intervenirlas: en varios casos el diagnóstico se hace a petición del propietario y la decisión final de restaurar o sustituir pasa por él. El reportaje describe el criterio técnico del taller, no un procedimiento oficial.
El texto no sostiene que una técnica sea superior a la otra. El corte por plasma resuelve con rapidez piezas planas y repetitivas, y el taller lo usa cuando el encargo lo permite. La forja a martillo aparece donde el volumen, la curva o la unión exigen deformar el metal en caliente. La diferencia que documentamos es de resultado visible y de tiempo de trabajo, no un juicio sobre quién es "más artesano".
Los aceros que aparecen en el reportaje corresponden a lo que el taller tenía en el momento de la visita para piezas estructurales y para herramientas. No son una recomendación general ni una norma aplicable a cualquier proyecto de herrería. La elección depende del esfuerzo que va a soportar la pieza, de si quedará a la intemperie y del acabado previsto. Cualquier decisión de compra o especificación conviene contrastarla con un herrero que vea el sitio.
La parte sobre temple describe cómo el maestro herrero calienta y enfría hojas de formones y cinceles de su propio uso. Es un procedimiento de taller repetido durante años, no un protocolo de laboratorio. El color del metal al calentar se lee a ojo y varía según la luz del local. Por eso el texto evita dar temperaturas exactas: lo que se documenta es la secuencia de pasos y las señales que el herrero observa, no una receta replicable sin práctica.
La barandilla para la casa de Coyoacán se documenta desde el boceto a mano hasta el montaje, pero es un encargo entre muchos posibles. El reportaje no promete plazos ni condiciones estándar: cada pieza por encargo depende de medidas tomadas en sitio, del diseño acordado con el cliente y de la carga de trabajo del taller en ese momento. Tampoco se incluyen precios, porque varían con el acero, el acabado y la complejidad de cada unión.
Editora de oficios y cultura maker
Silvia cubre talleres urbanos en Ciudad de México desde hace más de una década. Para este reportaje pasó tres semanas en el local de los hermanos Lozano, en Santa María la Ribera, siguiendo el diagnóstico de una reja patrimonial y el armado de una barandilla por encargo para una casa de Coyoacán. Antes de dedicarse al periodismo trabajó en un taller de encuadernación en Coyoacán, así que pregunta por los aceros, los temples y los tiempos de fragua con la misma curiosidad con la que otros preguntan por el clima.
Coordina la sección práctica de la revista: fichas de herramientas manuales, guías de mantenimiento de maquinaria ligera y calendarios de ferias de diseño independiente. Si tienes una corrección sobre una ficha técnica o quieres proponer un taller para un próximo número, escríbele directamente.
Si tu duda es sobre una reja patrimonial, un encargo de barandilla o el temple de una herramienta manual, escríbenos con la mayor cantidad de datos posible: medidas aproximadas, tipo de acero si lo conoces, fotografías del estado actual y una idea del plazo en que necesitas la pieza. Con eso podemos orientarte antes de que lleves el metal al taller de Santa María la Ribera.
Para observaciones sobre el texto publicado, precisiones técnicas sobre aceros, fraguas o procesos de forja, o para proponer un taller que valga la pena visitar en la siguiente entrega. Respondemos en un plazo de dos a tres días hábiles.
info@knoxconn.comLas piezas por encargo, restauraciones y trabajos de forja se atienden por teléfono en horario de taller. Conviene llamar antes de enviar bocetos o planos, sobre todo si el proyecto involucra montaje en sitio.
+52 72 3649 4300El local abre con cita previa. Si necesitas enviar muestras, plantillas o documentación de una reja a restaurar, la dirección de referencia es la siguiente.
Carretera Tesistán-Malpaso, Tepetongo, Zacatecas, México
Antes de escribir, revisa las preguntas frecuentes: ahí cubrimos dudas comunes sobre tiempos de restauración, diferencias entre forja tradicional y corte por plasma, y qué esperar de un encargo de barandilla contemporánea. Si tu caso no aparece, entonces sí, mándanos el mensaje.
Consulta también nuestra página de contacto y las condiciones de uso de materiales y fotografías en términos.
Lo que sigue no es un catálogo de producto. Son las piezas que salieron del local de los hermanos Lozano en Santa María la Ribera durante los últimos meses: una reja decimonónica que volvió a su marco original, hojas de formón templadas a ojo, una barandilla que empezó como boceto a lápiz y terminó soldada en una casa de Coyoacán. Cada imagen lleva su ficha breve para que se entienda qué se está viendo y por qué importa en el oficio.
Recorrido fotográfico por el taller: diagnóstico de rejas patrimoniales, aceros de uso estructural y el paso a paso de un encargo contemporáneo, del boceto al montaje.
Leer el reportaje completoAntes de desmontar, los Lozano fotografían cada barrote y marcan con tiza las zonas con corrosión pasante. La reja de una casa de la colonia Guerrero llegó con tres travesaños partidos y un remache sustituido en los años ochenta. Se decidió conservarlo como testigo de la intervención anterior.
El color del metal guía el trabajo más que el termómetro. Un rojo cereza pálido pide esperar; un naranja limpio indica que la pieza ya se puede deformar sin agrietarse. En piezas delgadas, dos segundos de más arruinan el temple que se busca.
El boceto a mano definió la curva del pasamanos y el ritmo de los barrotes. Se soldó en taller, se probó en seco con plantilla de cartón y se montó en dos jornadas. El cliente pidió pátina oscura en lugar de pintura, así que el acabado se hizo con cera y calor.
El acero se lleva al rojo, se enfría en aceite y se revenido en horno pequeño hasta un tono pajizo. Cada hoja se prueba cortando cedro antes de entregarla. Si el filo se dobla en lugar de cortar, la pieza vuelve al fuego.
El plasma resuelve cortes rectos y series repetidas con rapidez, pero deja un borde duro que cuesta trabajar en frío. La forja permite engrosar un canto, doblar una curva sin costura y dejar la huella del martillo visible. En el taller conviven las dos, según lo que pida la pieza.